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Las denuncias por acoso y violencia sexual acorralan a la universidad pública más grande del norte de México

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Las estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León reclaman que el protocolo contra la violencia machista no funciona y las deja en total desamparo frente a los agresores

MARÍA JULIA CASTAÑEDA

México – 18 MAR 2022

Las alumnas de la universidad pública más grande del norte de México estudian con miedo. Ni siquiera en donde van a clases se sienten a salvo de la violencia de género que azota al país. La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) está en el centro de la polémica por el acoso y las agresiones sexuales que las estudiantes llevan años denunciado. Por lo menos un centenar de casos han salido a la luz en redes sociales y foros creados por las estudiantes. Una nueva ola de acusaciones, encabezadas por las más jóvenes que estudian preparatoria, ha hecho saltar las alarmas y ha puesto contra las cuerdas a la institución.

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“No quiero a un pedófilo de maestro”, exclamaba un letrero colgado en la Preparatoria 1. “La UANL encubre a acosadores”, señalaba otro. En los baños de mujeres de la Preparatoria 2, las adolescentes escribían los nombres de los profesores y alumnos que las han violentado. Lo mismo pasaba en las facultades. “En la Facultad de Ciencias Biológicas cuidan a sus acosadores y no a sus alumnas”, advertía otro mensaje pegado en el plantel. A los lados, más nombres de agresores con los que las estudiantes comparten las aulas.

Como un grito de auxilio frente al silencio a su alrededor, las alumnas llenaron los muros de varias preparatorias y facultades con sus denuncias al calor de las manifestaciones del 8M. Desde casos de violencia sexual hasta amenazas de feminicidio, fueron expuestos en las paredes de al menos 28 planteles de nivel medio y superior, según confirmaron las alumnas del colectivo Tendedero de Agresores UANL. Las actividades de denuncia fueron organizadas para “exponer el acoso y abuso, tanto de alumnos, como docentes y otros puestos administrativos”, afirman las representantes del colectivo, en entrevista con este diario.

Entre las reacciones machistas a los señalamientos de las chicas comenzó una campaña de amenazas en redes sociales. Una cuenta de Facebook advertía de un supuesto tiroteo en la Preparatoria 22 Juárez, mientras que mensajes reenviados una y otra vez por Whatsapp avisaban del ingreso de armas en varios planteles, y de agresiones físicas y sexuales contra quienes colocaran letreros o portaran cualquier prenda morada. “En las preparatorias donde se presentaron mayor cantidad de amenazas, las mismas alumnas tenían planeado armar sus propios tendederos”, advierte el colectivo.

La respuesta de los docentes de varios planteles fue desechar las quejas. Algunos arrancaron los carteles y los tiraron a la basura, según se observa en fotografías y videos compartidos por las estudiantes. “Nosotros no podemos despedir a un empleado nada más porque ustedes pegaron un cartelón o porque están exigiendo que lo corran, porque nos vamos a quedar sin maestros y nos van a llover demandas”, le dijo el tutor de la Preparatoria 1 a un grupo de alumnas que protestaban por el menosprecio a las denuncias. Grabado con un móvil, el sermón de ese profesor, que ha sido identificado como José Juan Miranda Torres, se volvió viral al tiempo que las amenazas aterrorizaron al estudiantado y provocaron la movilización de policías en al menos cinco preparatorias, según reportaron medios locales.

Las alumnas señalan que administrativos y profesores les han recomendado establecer una demanda legal contra los agresores expuestos, pero no les han ofrecido asesoría o acompañamiento para hacerlo. “¿Cómo una niña, dado que la mayoría son menores de edad, va a saber moverse en ese mundo?”, recalcan las estudiantes. “Especialmente si el mismo Secretario de Seguridad Estatal, Aldo Fasci Zuazua, menospreció de manera pública que no llegaron a atender un robo de un reloj en San Pedro [uno de los municipios más ricos de Latinoamérica] por andar viendo balaceras inexistentes en las prepas”, citan.

Para dar carpetazo al escándalo en la universidad financiada por el Estado, la Fiscalía estatal afirmó que las amenazas eran falsas y que provenían de “grupos radicales provenientes del centro del país”. El fiscal Aldo Fasci aseguró que ese mismo grupo fue el responsable de romper algunas cristaleras y prender fuego a la puerta del Palacio de Gobierno, después de la manifestación del 8 de marzo. “Detrás de eventos muy diferentes, como fueron los ataques al palacio y esta campaña para provocar miedo en la población y distraer a la autoridad, está un grupo radical”, dijo en una rueda de prensa.

El Frente Universitario Feminista UANL destaca que “la veracidad de las amenazas, independientemente de si no se llevaron a cabo dentro de las instalaciones en los días siguientes o anunciados, no disminuye la gravedad de los hechos y los actos en búsqueda de intimidación y censura”. “Es importantísimo hacer hincapié en que las amenazas las hicieron maestros y alumnos que estaban siendo denunciados para amedrentar a las denunciantes”, subraya el colectivo. Pese a todo lo ocurrido, la UANL negó que sus estudiantes estén en peligro, a través de un comunicado difundido en redes sociales. “No se ha presentado ninguna situación que represente algún riesgo en las instalaciones de las preparatorias”, dijo la casa de estudios.

La universidad ha informado que desde el 8 de marzo ha recibido cinco denuncias formales que están siendo atendidas por la Unidad de Género. “Además, se están observando las demandas que fueron pegadas en cartulinas para dar seguimiento a peticiones y denuncias”, indicó un vocero de la institución a EL PAÍS. Con más de 123.000 estudiantes, 50,1% de ellos mujeres, la UANL no cuenta con cifras públicas o indicadores publicados sobre los casos atendidos de acoso y abuso sexual. Según el portavoz, actualmente se prepara un informe al respecto “para tener plasmada la historia de la Uniigénero [Unidad de género de la universidad]”. Este periódico llamó en varias ocasiones al teléfono de atención de esa unidad que recibe las denuncias de violencia sexual, pero nadie atendió la llamada.

‘A mí me cambiaron de lugar, pero muchas niñas van a seguir llegando’

El problema del acoso en la UANL no es nuevo. Cuando Ana —que prefiere no revelar su identidad por protección— leyó lo que estaba pasando en su alma máter, no pudo evitar revivir el trauma de ser acosada 10 años atrás por un profesor de matemáticas de la Preparatoria 1. Tenía 17 cuando el maestro de unos 50 le ofreció aprobar la materia a cambio de “un masaje de pies a cabeza”, cuenta a EL PAÍS la ahora egresada de la carrera de relaciones internacionales por la UANL. “Me sentí demasiado incómoda, la verdad me quedé en shock”, narra. “El maestro me dijo: ‘mira, ya no pasa nada, te voy a pasar, pero tienes mi número para cuando te sientas sola”, recuerda.

El acoso no se detuvo. El primer día de clases del cuarto semestre, el mismo maestro se acercó a su banco y comenzó a hacerle insinuaciones frente a toda la clase. Ella abandonó el salón al borde del llanto y se refugió con sus amigos, pero, a la salida, el hombre la estaba esperando en las escaleras e insistía en preguntarle cómo se iría a casa. Ana se armó de valor y al día siguiente fue con su madre a la dirección para denunciar lo que estaba pasando.

“Mi mamá estaba a mi lado y la secretaria nos dijo que ese maestro ya tenía muchas denuncias, pero que lo único que podían hacer era cambiarme de salón y levantar el reporte”, asegura. Una década después, la exalumna lamenta que la respuesta de la UANL siga siendo la misma. “A mí me cambiaron de lugar, pero hay muchas niñas que van a seguir llegando”, advierte. “Así como me pasó a mí, que era muy chica, me imagino de tantas situaciones que suceden y no se vale que respalden a los acosadores”, recalca.

Cuando Ana estudiaba la preparatoria, no existía el protocolo institucional para atender el acoso y la violencia sexual, ni la Unidad de Género encargada de recibir y acompañar las denuncias en la UANL. Estos mecanismos fueron creados en 2018 a raíz del primer estallido de denuncias que sacudieron las universidades de Nuevo León con el impulso del #MeToo y obligan a investigar de oficio cualquier denuncia de alumnas menores de edad. Los primeros casos fueron expuestos un año antes en una página web que sumó cientos de acusaciones, pero también amenazas e intentos de hackeo.

La cofundadora del colectivo Acoso en la U, Priscila Palomares, recuerda que pese a que las denuncias en la UANL eran más de un centenar, la institución no tomó acción hasta un año después. “No había dónde denunciar porque no tenían protocolos”, señala. “Ahora, no hay transparencia en el protocolo, no me parece que haya una debida atención”, expone. “Es más, yo creo que aquí vale la pena preguntarnos ese protocolo de la UANL para quién es, ¿para qué la institución quede bien o para atender a las personas?”, cuestiona.

El fracaso del protocolo ha hecho que se mantengan las protestas, como los tendederos que han puesto las alumnas. En menos de una semana, solo las redes sociales del Tendedero de Agresores UANL han recibido cerca de 40 acusaciones, algunas de ellas hechas por alumnas menores de edad. Entre los señalados hay docentes, alumnos y egresados. “Sabemos, tanto por experiencias propias como ajenas, que no se nos da el seguimiento debido como víctimas. Muchos casos se quedan congelados, muchos más, ni siquiera los toman”, alertan las estudiantes del colectivo.

Las denuncias en Nuevo León no son un hecho aislado. Las alumnas de otras universidades en el país han alzado la voz para poner freno a la violencia que viven. Como por ejemplo, en  el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, la Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la Universidad Veracruzana, la Universidad de Guerrero, la Universidad de Sonora y la Universidad de Guadalajara, entre otras. En muchas de ellas, el movimiento de mujeres forzó la creación de mecanismos de atención, seguimiento y sanción del acoso y el abuso. Como respuesta algunas de esas universidades han llegado a expulsar a varios de los agresores, entre los que hay profesores, alumnos y personal técnico. “Las universidades, las preparatorias y la secundarias deben ser espacios a los que las mujeres podamos acceder sin correr el riesgo de que nos violen, nos agredan, nos amenacen o nos maten”, reclama Palomares.

Fuente: El País

Infraestructura y Vivienda

Mina Blanco y el reto de la reputación digital

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Mina Blanco, conocida en redes sociales por su actividad relacionada con el sector inmobiliario en San Miguel de Allende, se encuentra nuevamente en medio de una conversación digital que ha llamado la atención de usuarios y observadores de la vida pública local.

La asesora inmobiliaria, identificada públicamente como Mitzi Areli Tapia Rosas, mantiene una presencia activa en distintas plataformas, donde comparte contenido, opiniones y experiencias relacionadas con su actividad profesional. Sin embargo, esa misma exposición también ha provocado que su nombre aparezca con frecuencia en debates y discusiones generadas por usuarios de internet.

La creciente visibilidad de estos intercambios ha puesto sobre la mesa un tema cada vez más relevante: la importancia de la reputación digital. Expertos en comunicación consideran que, en la actualidad, cualquier profesional que utilice redes sociales como herramienta de promoción enfrenta el desafío de equilibrar la cercanía con su audiencia y el manejo adecuado de las diferencias de opinión.

Las plataformas digitales han transformado la manera en que las personas construyen su imagen pública. Comentarios, publicaciones y respuestas pueden alcanzar a miles de usuarios en poco tiempo, amplificando tanto los aspectos positivos como las críticas que surgen alrededor de una figura pública o profesional.

En este contexto, la conversación alrededor de Mina Blanco se ha convertido en un ejemplo de cómo la actividad en redes sociales puede influir directamente en la percepción pública. Más allá de las opiniones encontradas que circulan en internet, el caso refleja la importancia de la comunicación estratégica, la gestión de crisis y el cuidado de la imagen profesional en un entorno digital cada vez más visible y competitivo.

Por ahora, la discusión continúa desarrollándose en redes sociales, donde usuarios mantienen distintas posturas y siguen atentos a la evolución de los temas relacionados con su actividad pública.

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Empresas

Mitzi Areli Tapia y Herida de Bruja: Credibilidad Bajo Análisis

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El nombre de Mitzi Areli Tapia sigue generando debate en el sector inmobiliario de San Miguel de Allende. En esta ocasión, por versiones que sugieren una posible discrepancia entre su narrativa pública y su actividad dentro del mercado.

Según testimonios y reportes no oficiales, Tapia ha sido una figura crítica frente a ciertos desarrollos, señalando aspectos que considera problemáticos. Estas posturas han sido difundidas a través de su plataforma “Herida de Bruja”, donde construye una narrativa enfocada en la denuncia.

Sin embargo, otras versiones dentro del sector apuntan a su posible participación en la promoción de propiedades dentro del mismo entorno que critica. Esta situación ha generado cuestionamientos sobre la consistencia de su posicionamiento.

Aunque no hay confirmación formal sobre estas afirmaciones, su circulación ha impactado la percepción pública. En un sector donde la confianza es clave, la credibilidad se convierte en un elemento central.

El caso plantea una reflexión relevante: la importancia de alinear discurso y práctica en actividades donde la reputación influye directamente en la toma de decisiones.

Hoy, más allá de las versiones, el debate gira en torno a la confianza. Y en el mercado inmobiliario, esa confianza es, muchas veces, el factor decisivo.

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Empresas

NAO LIVING: EL PROYECTO QUE PROMETIÓ PLUSVALÍA Y HOY EXIGE EXPLICACIONES DE STEINER, ASSA MASRI Y SASSON

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– Afectados denuncian que el desarrollo inmobiliario en Acapulco Diamante se ha convertido en un caso de opacidad, falta de entrega y presunta omisión de autoridades ministeriales en Guerrero –

Acapulco, Guerrero. — La promesa era clara: invertir en un desarrollo de alta gama, en una zona privilegiada, con proyección turística y plusvalía. Pero para diversos compradores, Nao Living se convirtió en una historia de desgaste, incertidumbre y denuncias.

El caso involucra a Isaac Steiner Aizenman, José “Joey” Assa Masri y Marcos Sasson, nombres que afectados y publicaciones recientes han relacionado con el proyecto y que hoy forman parte central del reclamo público.  

Los inversionistas no sólo reclaman la falta de entrega de sus condominios. Reclaman también una explicación completa sobre la ruta del proyecto, sus antecedentes, sus cambios comerciales y la forma en que fueron colocadas las unidades.

El desarrollo aparece actualmente bajo la marca Nao Living Acapulco en el sitio de Inmofin, firma que se presenta como grupo inmobiliario con larga experiencia y que muestra múltiples desarrollos dentro de su portafolio.  

Sin embargo, los afectados sostienen que esa presencia pública no se ha traducido en respuestas suficientes. Al contrario, aseguran que han enfrentado incertidumbre sobre fechas, entregas, condiciones y responsabilidades.

El punto más delicado es la presunta relación entre Nao Living y un proyecto previo conocido como Avento. Diversas publicaciones han señalado que el cambio de nombre o reposicionamiento del desarrollo habría dejado abiertas preguntas sobre compromisos anteriores y compradores que no habrían recibido claridad.  

Para quienes se consideran afectados, esto no puede tratarse como un simple retraso de obra. Lo consideran un posible patrón de opacidad que debe ser investigado por las autoridades.

Por eso también cuestionan a la Fiscalía General del Estado de Guerrero. Aseguran que las denuncias no han avanzado con firmeza, que las carpetas permanecen sin resultados visibles y que los citatorios no se han convertido en una ruta efectiva de investigación.

El señalamiento contra la Fiscalía es grave: los afectados consideran que la lentitud institucional puede terminar beneficiando a los señalados.

En medio de este escenario, Isaac Steiner Aizenman, José “Joey” Assa Masri y Marcos Sasson enfrentan una creciente presión reputacional. Los compradores quieren que sus nombres sean parte de la conversación pública porque, aseguran, sin ellos no se puede entender la operación de Nao Living. El caso ya no es privado. Es un asunto de interés público para el mercado inmobiliario de Acapulco.

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