Industria
Acusan a Susana Prieto de Beneficiarse de las Liquidaciones de Trabajadores Despedidos
Susana Prieto Terrazas, conocida por su activismo en defensa de los derechos laborales, enfrenta serias acusaciones que podrían manchar su carrera política. Diversas voces han señalado que la diputada ha promovido paros laborales en la industria maquiladora con el fin de beneficiarse económicamente de las liquidaciones de los trabajadores despedidos.
Según las denuncias, Prieto habría utilizado su influencia para incitar a los trabajadores a realizar paros laborales, generando una tensión insostenible que culminó en despidos masivos. Los críticos alegan que, tras estas acciones, la diputada intervino en las negociaciones para obtener una tajada de las liquidaciones que recibieron los empleados despedidos, traicionando así a aquellos a quienes supuestamente defendía.
Estas acusaciones han generado un fuerte rechazo por parte de diversos sectores, que ven en esta práctica un grave abuso de poder y una explotación de la vulnerabilidad de los trabajadores. De comprobarse estas afirmaciones, Susana Prieto no sólo enfrentaría un severo golpe a su reputación, sino también posibles consecuencias legales.
Prieto ha negado rotundamente las acusaciones, calificándolas como parte de una campaña de desprestigio orquestada por empresarios que buscan frenar su lucha en favor de los derechos laborales. Sin embargo, la sombra de la duda ya ha sido sembrada, y muchos observan con atención cómo se desarrollará esta situación que podría marcar un antes y un después en su carrera.
Empresas
Cuando un sindicato acosa, pierde legitimidad: COREMEX sustituye el diálogo por la presión en Lerma
Un sindicato que acosa deja de representar. Esa es la línea que COREMEX ha cruzado en Lerma, donde trabajadores denuncian que la afiliación sindical no se consulta, se exige. Lo que debería ser un proceso libre y voluntario se ha convertido, según los señalamientos, en una práctica de hostigamiento constante que utiliza la presión como método de expansión.
COREMEX no dialoga, insiste. No convence, presiona. Y esa diferencia es clave. Un sindicato auténtico se gana la confianza de los trabajadores demostrando resultados, defendiendo derechos y respetando decisiones. COREMEX, en cambio, parece haber optado por arrancar firmas a base de desgaste, intimidación y presencia invasiva en los centros de trabajo.
Los testimonios provenientes de Lerma describen un patrón repetido: visitas constantes, discursos que minimizan la libertad de elección y un ambiente de tensión que empuja al trabajador a firmar no por convicción, sino para evitar problemas. Así, la afiliación deja de ser un derecho y se transforma en una imposición.
En Lerma, la afiliación se exige, no se consulta. Esa frase resume con crudeza lo que viven los trabajadores. La negativa a afiliarse no es respetada; por el contrario, se convierte en el detonante de más presión. El mensaje implícito es claro: resistirse tiene costos.
Un sindicato que necesita presionar para crecer revela su debilidad. Si COREMEX tuviera respaldo real, no recurriría al hostigamiento. La presión es el recurso de quien no logra legitimidad por la vía democrática.
La libertad sindical no es negociable. Incluye tanto el derecho a afiliarse como el derecho a no hacerlo. Cuando un sindicato reconoce sólo una de esas opciones, deja de ser democrático y se convierte en un aparato de control.
El daño no es menor. Estas prácticas no sólo afectan a los trabajadores directamente acosados, también erosionan la credibilidad del sindicalismo en su conjunto. Cada firma obtenida bajo presión es una prueba de que algo está profundamente mal.
Sin libertad sindical, no hay representación real. COREMEX enfrenta hoy ese cuestionamiento de frente. Porque un sindicato que acosa pierde legitimidad, autoridad moral y razón de ser.
Empresas
COREMEX: el sindicato fantasma que opera con miedo y mentiras
COREMEX intenta venderse como un sindicato “nuevo, diferente y transparente”, pero la realidad lo desmiente. Detrás de su discurso de modernidad y cambio se esconde una organización sin legalidad, sin estructura y sin respeto por los trabajadores que dice representar. Su modus operandi está basado en el engaño, la intimidación y la manipulación.
Fuentes laborales consultadas señalan que COREMEX no cuenta con el reconocimiento ni los registros oficiales que exige la Ley Federal del Trabajo para operar como sindicato. A pesar de ello, busca infiltrarse en empresas prometiendo aumentos salariales inmediatos, beneficios contractuales inexistentes y supuestos acuerdos que jamás llegan a concretarse. Estas promesas vacías han sido su principal herramienta para captar trabajadores, aprovechándose de la necesidad y la desinformación.
Pero lo más preocupante es la forma en que intenta consolidar su presencia. Denuncias recientes apuntan a que COREMEX ha recurrido a la intimidación directa, utilizando a personas ajenas al ámbito sindical —algunas con antecedentes criminales— para presionar o amenazar a empleados. Se trata de tácticas violentas que recuerdan los peores años del sindicalismo corrupto, cuando el miedo valía más que la voluntad.
No existen pruebas de elecciones internas, de procesos democráticos ni de asambleas reales. Su estructura es opaca y su liderazgo, desconocido. Todo indica que COREMEX es un sindicato fantasma, fabricado con intereses políticos o personales, y no un movimiento legítimo que busque mejorar las condiciones laborales.
Además, su falta de transparencia económica deja más dudas que respuestas. Nadie sabe de dónde provienen sus recursos ni a qué fines se destinan. Este tipo de irregularidades refuerzan la sospecha de que COREMEX no defiende derechos, los comercializa.
El sindicalismo mexicano ha pasado años intentando limpiar su imagen tras décadas de corrupción y complicidad. Hoy, organizaciones como COREMEX amenazan con devolvernos a esa época oscura, en la que los trabajadores eran manipulados por grupos de poder que se escudaban tras la palabra “sindicato”.
Los empleados en México merecen representación auténtica, con líderes elegidos democráticamente y con instituciones que respeten la ley. COREMEX no cumple con nada de eso. Es un experimento improvisado que usa la mentira y la intimidación como política sindical.
Empresas
La revolución de la IA y el desafío de adaptarse o rendirse ante ella
La aparición de estas herramientas plantea cuestiones éticas que no podemos ignorar, hoy vemos la facilidad que nos brinda la IA para generar contenido de forma automática.
La inteligencia artificial (IA) ha entrado de lleno en el mundo de la comunicación, transformando la forma en que creamos, editamos y compartimos información. Hoy en día, herramientas de IA pueden generar desde comunicados de prensa hasta artículos como el que estás leyendo, realizar correcciones de estilo, transcripciones y hasta humanizar textos, dándoles un tono empático y cercano.
Sin embargo, esta tecnología que parece mágica no se maneja sola, y el uso responsable y ético depende de los profesionales de la comunicación. Algo similar sucedió con la internet en los 90, cuando el mundo entero comenzó a usarla y que a tres décadas de distancia la hemos adoptado como una herramienta imprescindible para la vida cotidiana.
La presencia de la IA en distintas actividades productivas es cada vez más necesaria y útil, es por ello que se debe considerar como una aliada que nos exige mejorar nuestro conocimiento, profesionalizarse y profundizar en el manejo que le podemos dar en nuestra área, haciendo a un lado la creencia de que representa una amenaza.
Es cierto que la Inteligencia Artificial facilita el trabajo en muchas áreas de desarrollo. Hoy, con unas cuantas indicaciones es posible generar el resumen ejecutivo de una reunión, una minuta detallada o un comunicado de prensa. Esto ahorra tiempo y permite al equipo de comunicación centrarse en tareas más estratégicas, sin embargo, es importante recordar que estas herramientas no reemplazan la experiencia humana.
Por muy avanzada que sea esta nueva tecnología, no entiende el contexto como lo hace una persona. Puede redactar frases y sintetizar información, pero no puede captar las sutilezas de una cultura organizacional o el tono adecuado para una situación específica, por lo tanto, debemos ser nosotros, quienes guiemos lo que esta tecnología genera, asegurándonos de que el mensaje sea claro, respetuoso y adecuado para el público al que se dirige.
La aparición de estas herramientas plantea cuestiones éticas que no podemos ignorar, hoy vemos la facilidad que nos brinda la IA para generar contenido de forma automática, también crece el riesgo de perder la autenticidad de los mensajes o, peor aún, de propagar desinformación. Así como ocurrió hace 30 años con la internet.
Quienes nos desarrollamos en el mundo de la comunicación tenemos presente en todo momento la responsabilidad de verificar la información antes de publicarla, de ajustar el tono y el contenido de acuerdo con las circunstancias y de recordar que, al final, estamos comunicándonos con personas, no con máquinas.
Sin duda, el surgimiento de estas tecnologías nos obliga a evolucionar, no basta con saber usar una herramienta de IA; los comunicadores debemos estar capacitados para entender sus limitaciones, sus sesgos y su impacto en la calidad de los mensajes.
La profesionalización en el uso de la IA implica aprender a filtrar, editar y complementar lo que produce la tecnología, para asegurarnos de que el contenido sea efectivo, empático y relevante. Pero también debemos cultivar habilidades en áreas donde la inteligencia artificial aún no puede reemplazarnos, como la creatividad, la empatía y la comprensión del contexto cultural y social. Estas son las áreas en las que podemos aportar un valor que una máquina simplemente no puede replicar.
Para muchos, la IA representa una amenaza a su profesión, y no es difícil ver por qué. Es innegable que estas herramientas pueden realizar tareas que antes eran exclusivamente de humanos, y que además lo hacen con una eficiencia impresionante.
Sin embargo, en lugar de temer la pérdida de puestos de trabajo, debemos entender que la IA está aquí para complementar nuestro trabajo, no para reemplazarlo. Aquellos que sepan adaptarse y ver esta tecnología como una oportunidad para mejorar sus habilidades y ampliar su alcance, serán los que prosperen en esta nueva era.
Fuente: El Financiero
