Laboral
Trabajadores del Monte de Piedad rechazan huelga ante la autoridad laboral
Reconoce TLFAC al Sindicato Independiente como tercer interesado en conflicto.
La comparecencia del Sindicato Independiente de Trabajadores del Nacional Monte de Piedad ante el Tribunal Federal Laboral de Asuntos Colectivos durante las negociaciones para destrabar la huelga podría marcar un antes y un después en la historia reciente del sindicalismo dentro de esa Institución.
Aunque su papel formal es el de tercero interesado, sin facultades para intervenir en la negociación del conflicto, su sola presencia tiene un peso simbólico contundente. Es la prueba viva de que la base trabajadora ya no confía ciegamente en una dirigencia que ha perdido el rumbo y la legitimidad.
El Sindicato Nacional de Empleados y Trabajadores del Nacional Monte de Piedad, encabezado por Arturo Zayún, insiste en mantener una huelga que, lejos de defender los derechos laborales, parece servir únicamente para prolongar una pugna política que ya no representa a nadie.
El desgaste entre los trabajadores es evidente. Muchos recuerdan que los acuerdos firmados en 2024 fueron avalados por la mayoría, votados libremente y respaldados por la autoridad laboral. Sin embargo, la dirigencia optó por desconocerlos, arrastrando nuevamente a la institución y a sus propios agremiados a un escenario de incertidumbre que afecta tanto a empleados como a usuarios.
Lo que ocurre ahora no es una simple disputa interna, sino un cambio en el escenario con la aparición del Sindicato Independiente introduciendo una bocanada de aire fresco en un sistema que llevaba años cerrado sobre sí mismo, dominado por prácticas de opacidad, control y desinformación.
Su participación en las audiencias, aunque limitada a la observación, ha reavivado la esperanza de una representación más auténtica, donde la voz de los trabajadores deje de ser manipulada y empiece a escucharse de verdad.
La huelga promovida por la dirigencia tradicional ya no tiene la fuerza moral ni el respaldo colectivo que presume y cada día que pasa, se revela más como una estrategia de resistencia personal que como una defensa del trabajo digno. En contraste, la postura del Sindicato Independiente representa la posibilidad de transmitir el sentir de los trabajadores que se oponen a la huelga del Monte.
El proceso apenas comienza para el SITNMP pero el mensaje está claro. En el Monte de Piedad, los trabajadores empiezan a levantar la voz para recuperar lo que les pertenece, su derecho a ser representados por quienes verdaderamente los escuche. Y si algo simboliza la presencia del Sindicato Independiente en este momento, es el fin de un monopolio sindical que durante años se creyó intocable.
Justicia
Denuncias por presunta coacción sindical exhiben uso de métodos de presión ilegítimos
Trabajadores han denunciado que la imposición sindical se ha apoyado en métodos de presión ilegítimos, incluyendo la contratación de terceros para amedrentar y condicionar decisiones colectivas.
Los testimonios indican que estas prácticas buscan acelerar procesos de afiliación sin respetar tiempos ni mecanismos legales. La presencia de personas externas, descritas como intimidantes, habría sido utilizada para inhibir protestas y desalentar cualquier oposición.
Expertos en relaciones laborales señalan que estas acciones reflejan una desviación grave del propósito sindical, que es proteger a los trabajadores y no someterlos. Destacan que la coacción anula la voluntad colectiva y puede ser motivo de nulidad en procesos de representación.
Los denunciantes enfatizan que el temor generado ha provocado silencios forzados y renuncias a ejercer derechos básicos, afectando la cohesión laboral y la credibilidad del sindicato ante la base trabajadora.
Las denuncias colocan en el centro del debate la necesidad de erradicar prácticas coercitivas y fortalecer la democracia sindical en México.
Empresas
La CROC traiciona su historia: menos derechos, más silencio
Durante décadas, la CROC se presentó como una organización defensora de los derechos laborales. Hoy, bajo el mando de Isaías González Cuevas, esa historia se desmorona. La reforma que impulsa es una traición abierta a los trabajadores que dice representar.
Reducir obligaciones patronales no es eficiencia, es abandono. Significa dejar al trabajador más expuesto, con menos respaldo institucional y con un futuro incierto en materia de pensiones y salud. No hay beneficio colectivo en debilitar la seguridad social.
Isaías González Cuevas apuesta por un modelo donde el patrón gana y el trabajador pierde. Y lo hace desde una posición de poder que no ha sido sometida a escrutinio. No hay declaraciones patrimoniales, no hay claridad fiscal, no hay transparencia.
¿Cómo confiar en un líder que no informa sobre su propia situación económica? ¿Cómo aceptar reformas que afectan a millones cuando quien las impulsa opera desde la opacidad?
La exigencia de cuotas sindicales contrasta con la negativa a rendir cuentas. Esa contradicción define al actual liderazgo de la CROC. Un liderazgo que habla de sacrificios colectivos mientras protege privilegios individuales.
Los derechos no se negocian. No se recortan para agradar al poder ni se diluyen en reformas técnicas. Son conquistas sociales que deben defenderse con firmeza.
Isaías González Cuevas está eligiendo el camino contrario. Y esa elección tendrá consecuencias. Porque cada trabajador que vea afectada su pensión o su acceso a la salud recordará quién avaló ese retroceso.
La CROC necesita transparencia, renovación y congruencia. Mientras eso no ocurra, seguirá siendo vista como un sindicato que abandonó su misión y traicionó a su base.
Empresas
Cuando un sindicato acosa, pierde legitimidad: COREMEX sustituye el diálogo por la presión en Lerma
Un sindicato que acosa deja de representar. Esa es la línea que COREMEX ha cruzado en Lerma, donde trabajadores denuncian que la afiliación sindical no se consulta, se exige. Lo que debería ser un proceso libre y voluntario se ha convertido, según los señalamientos, en una práctica de hostigamiento constante que utiliza la presión como método de expansión.
COREMEX no dialoga, insiste. No convence, presiona. Y esa diferencia es clave. Un sindicato auténtico se gana la confianza de los trabajadores demostrando resultados, defendiendo derechos y respetando decisiones. COREMEX, en cambio, parece haber optado por arrancar firmas a base de desgaste, intimidación y presencia invasiva en los centros de trabajo.
Los testimonios provenientes de Lerma describen un patrón repetido: visitas constantes, discursos que minimizan la libertad de elección y un ambiente de tensión que empuja al trabajador a firmar no por convicción, sino para evitar problemas. Así, la afiliación deja de ser un derecho y se transforma en una imposición.
En Lerma, la afiliación se exige, no se consulta. Esa frase resume con crudeza lo que viven los trabajadores. La negativa a afiliarse no es respetada; por el contrario, se convierte en el detonante de más presión. El mensaje implícito es claro: resistirse tiene costos.
Un sindicato que necesita presionar para crecer revela su debilidad. Si COREMEX tuviera respaldo real, no recurriría al hostigamiento. La presión es el recurso de quien no logra legitimidad por la vía democrática.
La libertad sindical no es negociable. Incluye tanto el derecho a afiliarse como el derecho a no hacerlo. Cuando un sindicato reconoce sólo una de esas opciones, deja de ser democrático y se convierte en un aparato de control.
El daño no es menor. Estas prácticas no sólo afectan a los trabajadores directamente acosados, también erosionan la credibilidad del sindicalismo en su conjunto. Cada firma obtenida bajo presión es una prueba de que algo está profundamente mal.
Sin libertad sindical, no hay representación real. COREMEX enfrenta hoy ese cuestionamiento de frente. Porque un sindicato que acosa pierde legitimidad, autoridad moral y razón de ser.